Análisis de la obra “Apología para la Historia y el oficio del historiador”, de Marc Bloch
Villa Clara con Todos
Artículos más Leídos
Artículos más Actuales
21 - 11 - 2017
Aviso
  • La cuenta de Invitado no está configurada correctamente. Por favor establezca la opción 'Nombre de usuario invitado' de manera que corresponda a un nombre de usuario registrado. guest_username="Invitado"

    --
    yvComment solution, version="2.00.4"

Análisis de la obra “Apología para la Historia y el oficio del historiador”, de Marc Bloch

Ratio:  / 0
MaloBueno 

Una de las obras  más notables de la historiografía del siglo XX y que alcanzó mayor influencia en este campo es Apología para la Historia o el oficio del historiador, escrita por el historiador Marc Bloch y editado por su amigo Lucien Febvre.  El libro plantea una nueva historia, fundamentada en lo social y lo económico, con una nueva forma de acercarse a las fuentes. A través del mismo se descubre el trabajo de un historiador.

Marc Bloch es uno de los intelectuales franceses más destacados del siglo XX. Historiador, soldado en las dos guerras mundiales y líder de la Resistencia francesa, fue capturado, torturado y murió de forma heroica fusilado por los alemanes. Como historiador, Bloch, fue uno de los iniciadores del enfoque económico y social de la historia. Junto con Lucien Febvre, fundó la Escuela de los Annales.

Las ideas de Annales se pueden resumir en: la sustitución de la tradicional narración de los acontecimientos, por una historia analítica orientada por un problema; se propicia la historia de toda la gama de actividades humanas en lugar de una historia primordialmente política.  Al fin de poder alcanzar los dos objetivos citados, la colaboración con otras disciplinas, con la geografía, la sociología, economía, lingüística, etc.

Con demasiada frecuencia se ha adjudicado el movimiento a tres o cuatro personas como Lucien Febvre, Marc Bloch o Fernand Braudel, pero lo cierto es que este movimiento de intelectuales, represente una empresa colectiva de muchos individuos cuyas aportaciones individuales han hecho contribuciones a la historia. Buena parte de esta nueva historia es la obra de determinado grupo de estudiosos vinculados con la revista creada en 1929 y conocida como Annales. En el centro del grupo están Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff y Emmanuel Le Roy Laudurie, cerca del borde se encuentran Ernest Labrousse, Pierre Vilar, Mauricie Agulhon y Michel Vovelle, cuyo compromiso por un enfoque marxista de la historia los coloca fuera del círculo interior.

En 1943 Marc Bloch interrumpió su trabajo Apología para la historia o el oficio de historiador para incorporarse a la resistencia antinazi. Su colega Lucien Febvre corrigió y preparó una edición póstuma. Este libro está conformado por capítulos como: La historia, el hombre y el tiempo; La observación histórica; La crítica y Análisis crítico. De manera general se  analizan varios ejes problemáticos que toda concepción histórica contemporánea se plantee, entre ellos: el objeto de la ciencia histórica, las relaciones pasado presente, el problema de la objetividad y la neutralidad histórica, la noción tiempo histórico, la idea de progreso y el papel de la narración histórica.

En este libro Bloch plantea el problema sobre la utilidad de la historia mediante la pregunta de un niño dirigida a su padre, «papá, explícame para qué sirve la historia», con la que se plantea el problema de la legitimidad de esta disciplina. Asume que en principio, antes que el deseo de conocimiento y que la pretensión de constituirse como obra científica conciente de sus fines, la historia produce una atracción: distrae y produce placer. Sin embargo, este atractivo no basta para justificarla y legitimar el esfuerzo intelectual que requiere.


Se plantean dos dimensiones fundamentales en la concepción de la historia: su legitimidad (vinculada al plano cognoscitivo e intelectual) y su utilidad.


La utilidad se relaciona con la tendencia a buscar en la historia una guía para la acción. Bloch afirma que el valor de una investigación no se mide, al contrario de lo que postulaban los positivistas, según su capacidad de servir a la acción, y que, por lo tanto, este sentido pragmático de la historia no puede confundirse con su sentido propiamente intelectual, la historia se legitima más allá de su utilidad, en función de su rigurosidad y su capacidad de establecer relaciones explicativas entre fenómenos para comprenderlos.

Considera que la historia no  es la ciencia del pasado, porque no basta con contar acontecimientos sólo unidos entre sí por la circunstancia de haberse producido aproximadamente en el mismo momento: de los múltiples acontecimientos pasados interesan al historiador sólo aquellos que se unen a sus preocupaciones específicas en función de la historia problemática que se realiza. La historia estudia la obra de los hombres; es la ciencia de los hombres en el tiempo,... “la historia quiere aprehender a los hombres. Quien no lo logre no pasará jamás, en el mejor de los casos, de ser un obrero manual de la erudición. Allí donde huele la carne humana, sabe que está su presa"[1].

En la obra se hace una explicación además de lo que para Marc Bloches es el tiempo histórico, como una «realidad concreta y viva abandonada a su impulso inevitable, en el plasma mismo en que se bañan los fenómenos y algo así como el lugar de su inteligibilidad[2]».

Esto se contrapone a las disciplinas en las que no es más que una medida dividida en fragmentos, pues el tiempo histórico va más allá de lo cronológico: se busca romper con el tiempo histórico unilineal sostenido en la idea de progreso que planteaba ausencia de rupturas. Así, el tiempo histórico tiene dos atribuciones: continuidad y ruptura, es un continuo y está sometido al cambio permanente.


El historiador no limita su campo de estudio al pasado, sino que estudia también el presente a fin de comprender el pasado, sino que estudia también el presente  a fin de comprender el pasado, estudia lo viviente. La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás, menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente[3]


Tampoco se puede explicar a una sociedad por el momento inmediatamente anterior al que vive (dado que hay una transferencia de pensamiento entre generaciones muy alejadas, que se manifiesta más claramente en las transferencias facilitadas por escritos, que constituyen a continuidad de una civilización), ni por los movimientos de ideas o sensibilidad más cercanos en el tiempo.

Hay una crítica a la historia que se limita a la corta duración: no alcanza con estudiar las reacciones de los hombres frente a las circunstancias particulares de un momento, es preciso estudiar al pasado (en la larga duración) para comprender al presente -pero sin pretender realizar una justificación del mismo.


Es preciso partir del conocimiento del presente para comprender el pasado, porque la observación voluntaria y controlada de lo cotidiano da los elementos que sirven para reconstruir el pasado. De esta manera, la ciencia de los hombres en el tiempo llamada historia aúna el «estudio de los muertos con el de los vivos» en una interdisciplinariedad donde se pretende lograr una historia universal.

Bloch además aborda brillantemente las particularidades de la observación histórica. Para él  esta consiste mayoritariamente en un conocimiento por huellas, es decir, todo lo dejado por los hombres en el tiempo, la marca que deja un fenómeno y nuestros sentidos pueden percibir.

A pesar de eso, no todas las huellas se presentan fácilmente: «Los exploradores del pasado no son hombres totalmente libres. El pasado es su tirano y les prohíbe que sepan de él lo que él mismo no les entrega, científicamente o no[4]» y por eso, si no hay indicios a los que recurrir, muchas veces es imposible evitar la ignorancia sobre determinados temas.

Según Bloch «...los textos, o los documentos arqueológicos, aún los más claros en apariencia y los más complaciente, no hablan sino cuando se sabe interrogarlos». La observación pasiva no reditúa frutos: el historiador no recurre a los documentos, los lee, determina su veracidad y autenticidad y a partir de ello deduce sus consecuencias; el cuestionario preexiste y en la investigación la encuesta ya tiene una duración determinada por la inteligencia.

Siguiendo a autores como Marc Bloch en obras como esta puede entenderse la historia como un proceso en constante construcción y revisión, una especie de espejo imperfecto y de contornos cambiantes en los que buscamos reflejar nuestro presente para intentar entenderlo mejor. La apología de la historia o el oficio de historiador, constituyenuna colección de reflexiones inspiradas en el trabajo desarrollado a lo largo de su vida.

 

Referencias



[1]Marc Bloch Apología para la historia, el oficio de historiador (Digital).

[2]Ibídem

[3] Ibidem

[4]Ibídem

Por favor regístrese o haga login para añadir sus comentarios a este artículo.
Buscar
316427
HoyHoy240
AyerAyer258
Esta SemanaEsta Semana498
Este MesEste Mes6026
Todos los DíasTodos los Días316427
Día más Visitas 03-13-2017:447
US
Formulario de Acceso

Artículos Relacionados