La evolución desigual de la antigua provincia de Las Villas y sus particularidades en las dos décadas iniciales del siglo XX.
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17 - 11 - 2018
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La evolución desigual de la antigua provincia de Las Villas y sus particularidades en las dos décadas iniciales del siglo XX.

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El presente trabajo aborda el tema de la evolución desigual de la antigua provincia de Las Villas y sus particularidades en las dos décadas iniciales del siglo XX desde una perspectiva historiográfica en el país. A través del texto se analiza La evolución desigual de la antigua provincia de Las Villas y sus particularidades en las dos décadas iniciales del siglo XX y su influencia en las esferas políticas, económicas y sociales de la provincia en esta etapa. Se muestra como el proceso influye en la formación de una  burguesía local que interviene de forma preponderante en el proceso de formación nacional.

El período  comprendido entre 1902 y 1915, tuvo en la antigua provincia de Las Villas especificidades dentro del marco nacional. El territorio villareño comenzó esta etapa con dificultades  en las primeras décadas por la “sangría demográfica”,  ocurrida como consecuencia de la Guerra del 95 y especialmente de la Reconcentración.

Como en el siglo XIX, Las Villas  continuó siendo, fundamentalmente, un territorio agroindustrial azucarero; especialmente, la región de Sagua la Grande. Hasta las primeras  décadas  del siglo XX se siguió efectuando la concentración y centralización de la producción azucarera, proceso muy vinculado al de la concentración y ampliación de los ferrocarriles.

En relación con estos dos fenómenos,  nuestra  provincia presentó la particularidad de que en sus inversiones azucareras predominaron los llamados “capitales domésticos”  (cubano-españoles)1, en tanto que los ferrocarriles estuvieron vinculados a las inversiones inglesas.

La llegada de inmigrantes canarios en forma creciente hasta la década  de 1920 aproximadamente, contribuyó al desarrollo económico de la provincia, especialmente en la producción tabacalera  y azucarera;  aunque hubo también, en cifras significativas, emigrantes españoles que se vincularon al comercio minorista y al trabajo de ampliación de ferrocarriles. En estos años fue elemento distintivo el predominio de la pequeña explotación agrícola y la no existencia de latifundios en forma generalizada, por lo que la clase media, integrada por pequeños propietarios rurales y urbanos,  profesionales, intelectuales y estudiantes de ese origen, jugó un importante papel en la vida social y política villaclareña de la época.

La actividad política estuvo relacionada con la actitud asumida frente al imperialismo norteamericano. En esta etapa una parte del pueblo fue arrastrado a la politiquería por caudillos deshonestos, que aprovechando el prestigio alcanzado durante la lucha contra la dominación española, lograron escalar importantes posiciones políticas, no solamente en la provincia, sino también a nivel nacional.

En cuanto a las luchas sociales, las tendencias manifestadas en  Las Villa fueron similares a las del resto del país.  Los enfrentamientos entre los hombres humildes y sus explotadores se agudizaron entre 1920 y 1921, debido a la crisis económica, que agravó la miseria de los trabajadores. Los obreros azucareros, se lanzaron a la lucha.

Durante el período hubo cambios territoriales en la entonces provincia de Las Villas, que estaba formada por las actuales provincias de Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara. Estas variaciones fueron registradas en el censo de 1919; con posterioridad no hubo afectaciones notables que repercutieran en estos territorios.

La tendencia nacional al aumento poblacional también se manifestó en Las Villas  y la composición étnica se correspondió con las características nacionales, ya que alrededor del 70 % de la población era blanca y aproximadamente entre el 30 y el 40 % “de color”(negra, amarilla y mestiza), según los datos de los censos de 1899, 1907  y 1919.

Desde los primeros momentos de la etapa de Ocupación Militar, los cubanos comenzaron a manifestar sus inquietudes políticas y organizaron juntas y asociaciones, las que, hasta cierto punto, trataron de llenar el vacío dejado por las instituciones cubanas disueltas.

El 9 de octubre de 1899 se reunieron en Santa Clara los veteranos de la Guerra del 95 y acordaron proponer a todos los Consejos de Veteranos la organización de un partido que los representara en la naciente política del país. La iniciativa fue tomada por el General José de Jesús Monteagudo, que era el Jefe de la Guardia Rural de la Provincia y estaba aliado al general  José Miguel Gómez, Gobernador Civil de Las Villas, quien había comenzado su labor como promotor de una nueva agrupación política, el Partido Republicano Federal de Las Villas.

La labor política desarrollada por la  burguesía villareña constituyó la expresión más clara de su interés por salir del aislamiento de que había sido objeto por parte del crecimiento azucarero occidental cubano, de manera que aspiraba a competir con la burguesía que radicaba en La Habana y Matanzas, en la lucha por el logro del poder político, como forma de proteger y ampliar sus relaciones económicas, políticas y su ascendencia social. Las figuras políticas principales procedían, en lo fundamental, del campo insurrecto, como es el caso de José Miguel Gómez,   y  Gerardo Machado, por solo citar  algunos; de ahí que no les resultara difícil transformarse en  centros, alrededor de los cuales se nuclearon sus  antiguos subordinados. Estas figuras devendrían, con el tiempo, en caudillos, cuya influencia en la vida política de la provincia de Las Villas, incidiría en la marcha del acontecer político nacional republicano, marcado por sus ambiciones y por la expresión de intereses económicos vitales.

En ese marco, El Partido Republicano Federal de Las Villas fue la agrupación más importante de las constituidas en las provincias de Cuba,  tanto por la fuerza con que contó al surgir, como por el papel desempeñado en la política cubana, como base de lo que sería  años después el liberalismo villareño.

Este partido se proponía el desarrollo capitalista nacional y la hegemonía interna del grupo  oligárquico criollo. Esa tendencia predominó en la provincia de Santa Clara y explica, entre otras razones, por qué hubo proyectos  para  darle la capitalidad de la nación a Santa Clara, dada la situación geográfica de la provincia, que así posibilitaría su conversión en centro clave del desarrollo económico nacional.

La figura más sobresaliente de la provincia fue el mayor General José Miguel Gómez Gómez, quien estuvo respaldado en sus propósitos políticos por la burguesía provincial, por los empresarios acaudalados, no solo de Las Villas sino también de Camagüey, y sobre todo, por la alta oficialidad del Ejército Libertador de Las Villas, y aun por los negociantes de origen español.

El 10 de diciembre de 1898, a espaldas de los cubanos, que durante treinta años habían luchado por la obtención de su independencia, fue concertado entre Estados Unidos y España el Tratado de París. La antigua metrópoli perdió todos los derechos de soberanía y propiedad sobre la isla, que fue ocupada por tropas estadounidenses.

Como resultado de la contienda, los territorios cubanos quedaron seriamente dañados; se destruyó gran parte de las riquezas, se afectaron el transporte y las comunicaciones. Las pérdidas humanas se estimaron en alrededor de 200 000 y  proliferaron las enfermedades y epidemias, entre ellas, la fiebre amarilla. En tanto, las fuerzas independentistas fueron mantenidas en una situación humillante por las autoridades intervencionistas.

En el territorio que ocupaba la antigua provincia de Las Villas los rigores de la guerra y especialmente las consecuencias de la Reconcentración, se hicieron sentir con fuerza. Ocurrió una “sangría demográfica”,  lo que significó un aspecto negativo para el desarrollo del período neo colonial.

Al iniciarse la república  neo colonial en 1902, la provincia de Las Villas tenía una posición desventajosa y particularidades socioeconómicas y demográficas que contribuyeron a  la existencia de rasgos  característicos durante  el período neo colonial, especialmente hasta la  década de 1920-1929. En buena medida, ello sustenta el hecho de que, desde el punto de vista político, la situación se tornase compleja en medio de la etapa de la Ocupación Militar Norteamericana.

   Durante esta etapa  y en los primeros años republicanos, antes de la Primera Guerra Mundial, los capitalistas ingleses y norteamericanos dominaron los ferrocarriles, gran parte de la producción azucarera, los servicios de electricidad y teléfonos, la minería, los bancos y el control del comercio exterior, así como otros negocios. Fue en estos años que el capital norteamericano logró abrirse paso  y preparar las condiciones para  ejercer su control monopolista y convertirnos en una neo colonia de Estados Unidos.

   La producción azucarera era el primer renglón económico de la provincia, mientras que el tabaco constituía el segundo. En el procesamiento del tabaco predominaba  la producción manufacturera que tenía mayor fuerza en las regiones de Remedios y Villa Clara. En toda la provincia se explotaban otros cultivos, como frutos, viandas y vegetales, pero esa explotación era de carácter secundario.

   La ganadería fue decayendo en algunas zonas dedicadas a esa actividad en el período colonial, debido a que  dichos territorios se dedicaron a la siembra de caña. En general, según la información del citado censo, existían en la provincia   de   Santa   Clara 50 000  cabezas de ganado. Además de los municipios señalados, esta actividad económica era también notable en Cienfuegos y Rodas.

Sin embargo, los métodos utilizados para la cría no eran adecuados y esto afectaba la producción lechera; en las primeras décadas republicanas esta no podía cubrir las necesidades de la población y se importaba leche condensada de Estados Unidos. La cría de ganado caballar no estaba bien organizada, aunque la provincia de Las Villas se encontraba  entre  las tres  que tenían mayor cantidad de caballos. 5

Aunque la actividad pesquera era relativamente apreciable en Caibarién e Isabela  de Sagua, esta no era, en sentido general, un renglón económicamente efectivo.                                                 

Otro sector  económico era la minería, pero la explotación de los yacimientos no era eficaz, ya que  los   norteamericanos no le prestaron la debida   atención,  pues  estaban empeñados en que Cuba se mantuviera como fuente de reservas y prevaleciera la mono producción  y  la  mono exportación. Según el censo de 1919,  se informó la existencia de minerales de varias clases en Calabazar de Sagua, Cifuentes, Corralillo, Esperanza, Placetas, Santa Clara y San  Diego del Valle; pero su explotación no mereció la atención debida y muy pocos yacimientos se consideraron activos. Entre 1915 y  1918  el número de minerales declarados en el referido censo, en la provincia de Santa  Clara, fue de 12 en total; las minas ascendían  a  262  y  el  número de  hectáreas  a 16 448 744,7. 

En cuanto a la tenencia de tierra en la actual provincia villaclareña en esos años, continuó predominando la pequeña explotación  agrícola  y  había  fincas  operadas  por arrendatarios  en  sus  diferentes variantes,  los que explotaban  la  tierra con sus propios medios y recursos. Las grandes fincas tenían poco peso dentro de todo el sistema de propiedad territorial y se ubicaban principalmente  en  Santo Domingo, Corralillo y Manicaragua; estas representaban entre el 1 %  y  el  2 %  del total de las propiedades.

   Villa Clara se caracterizaba, además, por la abundante presencia del capital cubano-español, también conocido como “capital doméstico”. 6 El citado capital era de un grupo de familias villareñas que tenían vínculos entre ellas y desarrollaron sus actividades, no solamente en la antigua provincia de Las Villas y por ende en Villa Clara, sino en Camagüey, Oriente y La Habana. Entre este grupo de familias estaban los Abreu, González Abreu, Oña, Zulueta, Falla, López Silverio, Zárraga, Ariosa,  Ulacia,  Ribalta,    Piedra, Vergara.   Betharte,  Moré y Nazábal. Estas familias estaban vinculadas, fundamentalmente, a la producción azucarera y al comercio y tenían relaciones de negocios con propietarios de las regiones de Cienfuegos y Sancti  Espíritus  como eran las casas de Castaño y Falla Gutiérrez entre otras. También se vincularon con personalidades políticas como Machado, José Miguel Gómez y Orestes Ferrara, por solo citar algunos.

A pesar de que las características socio-económicas de los territorios de la actual Villa Clara tenían homogeneidad, estas no pueden ni deben encasillarse en  un  cuadro rígido, pues existían ciertos matices en cada región debido a la  influencia  de  factores internos y externos que aceleraron o retardaron el proceso productivo.

   Estos factores estaban dados por la posición geográfica, situación climática, la salinización de los suelos, la práctica de la absolutización del cultivo de la caña  y  con ello la carencia y abandono de las tradiciones productivas no azucareras,  excepto el tabaco en ciertas zonas, así como  la  falta  de  mano  de obra,  el estado de los equipos en la producción   azucarera  y  las  calamidades naturales. 

En cuanto a las dificultades de salinización de los suelos, estos no afectaron por igual a todas las zonas de la región. Por ejemplo, este fenómeno no fue  tan notable en Encrucijada; allí hubo un importante desarrollo del cultivo de la caña de azúcar, por lo que sus centrales, el “Constancia” y  el  “Nazábal”, tuvieron una notable actividad. También  la producción tabacalera fue significativa en Encrucijada: se cultivaron tierras en lugares como Paso Real, Vega Redonda  y  Tuinicú. Por ello, en 1920  había diez talleres manufactureros, que en su mayoría eran de propietarios españoles, aunque existían algunos dueños cubanos y uno norteamericano. 7

El cultivo y la manufactura del tabaco sí tenían mucha importancia en la región histórica de Villaclara. Las tierras del actual municipio de Manicaragua, en  la  primera década del presente siglo, estaban consideradas entre las principales del país. 8  También fue sobresaliente ese renglón económico en la zona de Ranchuelo, aunque el cultivo no era masivo y se realizaba solamente en lotes en las tierras del antiguo municipio  de  San Juan de  los  Yeras  y  en   El Purial, este último  en la  parte correspondiente  al  entonces  municipio de Esperanza. No obstante la poca existencia  de  vegas, sí  había  manufacturas tabacaleras y la limitación de hojas  se  suplió  trayéndolas  de  otros lugares. A  partir  de  la  segunda década  del actual siglo, los  hermanos Trinidad controlaron la producción tabacalera de la zona; después, aunque  afectados por  la  crisis económica de  1920-21,  lograron  recuperarse y el  5 de mayo de 1921  instalaron  una fábrica  de  cigarros que llegó  a  tener gran importancia nacional  e  influyó  en  el  desarrollo de  Ranchuelo. Dicha fábrica  operaba  con  tabaco procedente de Manicaragua  e  incluso de  Pinar  del  Río. 9

Como había sucedido en el período colonial, la ganadería también tuvo importancia  en  la  región  de  Villa Clara, especialmente en Seibabo, Manicaragua propiamente dicha y El  Hoyo, aunque la Guerra del 95  y  la  Reconcentración  afectaron  esta actividad, pues, por ejemplo, en Seibabo, que era la zona que poseía mayor cantidad de fincas dedicadas  a  la ganadería, hubo  una  notable  disminución de reses. 10

En resumen, para todo  el  territorio  de  la  actual  provincia, el análisis  de  cada  una  de  las  regiones villareñas  permite corroborar la importancia  de  la  producción azucarera, que continuó  sus  transformaciones en esos primeros años neo coloniales cuando culminó el proceso de concentración y  centralización  de  su  producción,  comenzado  desde  fines  del siglo  XIX.

El desarrollo  de  las  vías  de  comunicación  y  del  comercio, sobre  todo  el exterior,  estuvieron muy  unidos  a  la  industria azucarera  villareña. El ferrocarril  estuvo  muy  vinculado  a  todo  este  proceso  porque  los  monopolios  necesitaban  de  la  existencia  de   comunicaciones  rápidas  y  seguras  para llevar  a  cabo  la  expansión  azucarera  en   Cuba.

La Cuban Company, que era una compañía británica, emprendió  durante  la  etapa  de Ocupación  Norteamericana  un proyecto para ampliar   las vías férreas desde Santa Clara  hasta las regiones orientales. Debido  a  esto  hizo  arreglos encaminados  a  la  implantación  del ferrocarril  eléctrico  y  a  las  mejoras  y  modernización del existente. El objetivo  del citado proyecto  era controlar  las transportaciones  de pasajeros  en  todo  el   país, así  como el traslado  de  productos  e implementos agrícolas  o  de  cualquier  tipo,  lo  que  tenía mucha  importancia  pues  las  provincias  de  Oriente  y  Camagüey  conservaban  una  gran  parte  de  sus recursos  sin explotar.

   El proyecto  de  la  Cuban  Company  encontró  oposición  por parte  de  algunos  de  los propietarios de fincas villaclareñas,  cuyos  territorios debían  ser atravesados  por las líneas  férreas,  pues consideraban que serían afectados  con  la  extensión  de  dichas  vías; sin embargo, tuvo  el apoyo  del  alcalde  de  Santa  Clara  durante  el período  de Ocupación. Gerardo  Machaco Morales, del Gobernador Civil de la provincia de Las Villas, José  Miguel Gómez, y hasta  del Gobernador  Militar  Leonardo  Wood, máxima  autoridad  del país. Pero finalmente, los norteamericanos lograron el control ferroviario  de  Santa Clara  a  Oriente.

Los ferrocarriles se emplearon, fundamentalmente, en el servicio del transporte de azúcar; por ello  hubo fortísimas relaciones económicas entre la producción  y  la  transportación  de  azúcar, las  cuales  incluían  los embarques por  los  puertos de  Isabela de Sagua y Caibarién.

La posición geográfica  de  la  provincia  de  Las  Villas, especialmente  de  los  municipios  villaclareños  de Santa Clara, Santo Domingo y Placetas, contribuyó   a  que estas zonas tuvieran gran movimiento comercial. A esto se unió el hecho  de que  las vías férreas enlazaban  a  estos territorios  con toda  la provincia  y  con  el resto  del país.

   Según los datos del censo de 1907 el principal comercio de Cuba era con Estados  Unidos. El 60% del total de las importaciones procedía de ese país y el 80,7 % de las exportaciones se realizaban con los norteamericanos. En resumen, los Estados Unidos absorbían las importaciones cubanas en forma ascendente, ya que en 1919 representaron el 76,1% del total. 11

   En los años posteriores a 1899 y hasta los primeros de la década de 1920 las tendencias generales en el plano demográfico se mantuvieron a nivel nacional:

  • Aumento de la población.
  • Alrededor del 60% de la población total no tenía ocupación lucrativa. En  ese grupo se contemplaban  los menores de 10 años, el sexo femenino   y los hombres ancianos.
  • Proporcionalidad entre los sexos, aunque el sexo femenino estaba un  tanto por debajo, con  alrededor del 48 %  del total poblacional.
  • Predominio de la raza blanca, ya que alrededor del 70 % de los habitantes eran blancos; de ellos, entre el 8 y el 10 %  eran  extranjeros. Aproximadamente, el 30 % de la población estaba integrada por “de color”, entre  los que se incluían los negros (que alcanzaban entre el 10 %  y  el 13 % de la población total), los mestizos (que   fluctuaban entre  el 12  y el 15 % aproximadamente)  y los amarillos  (que no llegaban al 1 %  del  total) 
  • Los propietarios eran fundamentalmente blancos y entre ellos eran    predominantes los que poseían menos de 10 caballerías de    tierra  y los pequeños y medianos dueños de negocios urbanos.

   Como se aprecia, la situación en las regiones villareñas, al igual que en el resto del país, tuvo como característica el ascenso poblacional a partir de 1899; esto se debió a la recuperación posbélica. En estos años se normalizó la vida, se tomaron algunas medidas sanitarias, hubo mayores posibilidades materiales y se desarrolló la inmigración.

Los aumentos de población se comportaron con equilibrio entre la ciudad y el campo. En estos primeros 25 años de vida republicana entre el 43 %  y  el 45 %  de los cubanos vivía en zonas urbanas y entre el 57 %  y  el 55 % en zonas rurales. En 1919, según el censo, el 44,7 %  de los habitantes de Cuba residía en las   ciudades.12

Primero, que como quedó demostrado anteriormente, al iniciarse la república neo colonial, existía una situación económica y demográfica desventajosa en Cuba y especialmente en la antigua jurisdicción de Las Villas, lo que es un elemento de peso para explicar por qué en 1899  el 60 %  de la población cubana carecía de ocupación  lucrativa.

  • Segundo, que los primeros años del presente  siglo se caracterizaron por las frecuentes inmigraciones desde España y en menor grado de otros lugares y, un poco  más tarde desde Haití y Jamaica.  Estas inmigraciones se basaban en la existencia del uso de abundante fuerza de trabajo para garantizar el ejército laboral de reserva que posibilitaría a las clases dominantes el pago de salarios muy bajos. En la actual provincia de Villa Clara fue significativa la inmigración española, especialmente canaria, y hubo poca entrada de antillanos.  

   Finalmente, al pasar a analizar el censo de 1919, este demuestra que continuó el aumento de la población cubana con respecto a 1907. El aumento fue de 840 024  habitantes, ya que en 1907 había 2 048 980  habitantes   y   en  1919  existían  2 889 004  moradores.

   En   Las Villas, el crecimiento fue de 200 226 pobladores, pues de 457 431 habitantes en 1907  ascendió  a  657 697  personas en 1919. El territorio de la actual provincia de Villa Clara tenía  en 1907, la cantidad de 247 709  ciudadanos  y  344 254  en  1919; la diferencia fue de 96 545  residentes. Las regiones se comportaron en forma similar a 1907, en lo que respecta al orden proporcional de crecimiento y con aproximaciones a los por cientos alcanzados en toda Cuba, en Las Villas y en Villa Clara.

   Según el censo de 1919 existían en Cuba veintiséis ciudades y por el orden de prioridad, tomando como  indicador la cantidad de habitantes,  Santa Clara  ocupaba el décimo lugar. Los ocho ciudades de Las Villas representaban el 30,76 % del total nacional, y las cinco de la actual provincia de Villa Clara, el 19,23 %.

      Al analizar la relación entre los habitantes de la ciudad y el campo, es preciso tener en cuenta que en la mayoría de los poblados y de las ciudades la vida de sus habitantes estaba muy  relacionada con las actividades agrícolas.  Era relativamente frecuente que muchos de los obreros agrícolas, los colonos y los propietarios o arrendatarios dedicados a actividades cañeras y no cañeras, residieran en zonas urbanas; también en esa situación se encontraban algunos trabajadores de los centrales azucareros. Estos habitantes urbanos, con fuertes vínculos económicos con el campo, tenían costumbres, manifestaciones culturales y características psicológicas que los vinculaban más estrechamente a la población rural que a la urbana.

    Además de las actividades agrícolas e industriales una parte de los trabajadores se dedicó  a las obras de la construcción. A partir de la mitad de la década de 1910  y  hasta 1925, se construyeron edificios públicos, se realizaron algunos arreglos de calles, carreteras  y  caminos, que junto  a  las obras de ampliación  y reparación de vías férreas, posibilitaron el empleo de una parte de la población laboral activa.

   Según el censo de 1919 la situación laboral se mantuvo similar a la de 1907, aunque hubo un aumento de los llamados  “sin ocupación lucrativa”. A nivel nacional, de los  2 889 004  habitantes de toda Cuba, estaban comprendidos en el citado grupo 1 940 163 personas, que equivalían  al  67,15 % de la población cubana.

Como se ha podido apreciar,  durante  los años  antes analizados  Estados Unidos ya  había  sentado las bases para su predominio  en Cuba. Entre  1914  y  1925  aproximadamente, las inversiones norteamericanas  en  Cuba  se  quintuplicaron o sextuplicaron, ya que llegaron a tener el dominio de las  tres cuartas partes de  la producción azucarera  y  prácticamente, eran dueños  de  los recursos de minerales  y  los servicios públicos, entre  otros sectores económicos. Los estadounidenses habían ido desplazando  a  los británicos  y  lograron, como consecuencia  de  la  crisis económica  de 1920, el sometimiento de los llamados  “capitales domésticos”. Sin embargo, se produjo un desequilibrio entre la capacidad productiva azucarera cubana, que era el principal renglón económico,  y  las  necesidades  del mercado norteamericano. que quedaron por debajo de la producción. Esta contradicción  entre la producción cubana  y  la  adquisición norteamericana, trajo como consecuencia la acumulación de excedente, y por tanto, el descenso  de  los precios del azúcar; por ejemplo, en 1911  fue de  3,09  c/lb. en 1921  de 2,8 c/lb. y ya  en l913  era  de  2,15  c/lb.

   En este marco estalló, en 1914,  la Primera Guerra Mundial, que afectó  la producción  de azúcar de remolacha de Europa  y propició  que Cuba, a través de Estados Unidos, se convirtiera en el principal abastecedor de azúcar para el mercado internacional. Los precios comenzaron a subir;  en 1914  era  de  2.75 c/lb,  en 1915  de  3,65  c/lb, en 1916  de 4,77 c/lb,  y  en 1917  de 5,21  c/lb.  Cuando en 1917  Estados Unidos  entró  en la guerra, tuvo el control del azúcar de Cuba  y  entre  1917/1918  Cuba  tuvo  que vender a Estados Unidos este producto a 4,60 c/lb,  como precio fijo, y entre  1918/l919  a  5,50 c/lb.  La producción  también fue en aumento.

   Por  otro lado, a partir  de  1915  se establecieron en Cuba poderosos bancos norteamericanos como el National City Bank  of  New  York  y  algunos capitalistas cubanos y españoles, que se habían favorecido por el avance azucarero, dedicaron sus fortunas al negocio bancario. Estos elementos instalaron pequeños bancos en diferentes lugares del país, que llegaron alrededor de una treintena. Esas entidades prestaron dinero, con altos intereses, a los productores azucareros, quienes lo solicitaban  para ampliar y modernizar  sus fábricas, su transporte cañero y otros aspectos básicos para  la producción.

   Como ya se ha explicado, Estados Unidos tenía el control de las zafras y actuaba como intermediario en el abastecimiento de los mercados de Europa. También se ha apuntado con anterioridad que a pesar de existir ciertas contradicciones entre los productores cubanos y el gobierno norteamericano, las zafras de  1917  y  1918  fueron compradas  a  precios  relativamente altos por los Estados Unidos que, por supuesto, la vendieron a precios superiores.  Por ello, las ganancias de los productores azucareros cubanos estaban limitadas por esa situación. Al terminar la guerra, ese panorama cambió  y   entre  1919  y  1920  le fue permitido a Cuba vender sus zafras sin la intervención de Estados Unidos. Como consecuencia de los mecanismos de venta capitalista, el azúcar continuó subiendo los precios  y  el valor total de la misma ascendió, en febrero de 1920, a  9 c/lb  y  en mayo   llegó  a  22,5  c/lb. Esta verdadera  “locura mercantilista”,  conocida como “Danza de los Millones” o  “Vacas Gordas” fue altamente beneficiosa para los empresarios azucareros  y  la burguesía hizo derroche de lujos y placeres; sin embargo, los obreros y trabajadores en general, no cambiaron substancialmente su nivel de vida. La burguesía enriquecida construyó suntuosas viviendas e hizo todo tipo de gastos superfluos  a  expensas de la explotación del pueblo trabajador. 13

   Para tener una idea más precisa de la situación económica existente en estos años, es  necesario recordar que en la economía azucarera cubana, entre  1917  y  1920, predominó  el extensivismo, caracterizado por la carencia de una tecnología adecuada. La producción y  el comercio azucarero estuvieron condicionados, en lo fundamental, por un mayor número de tierras sembradas  de  caña, una cantidad superior de arrobas cortadas, el aumento del tiempo de zafra, la contratación de  una cifra más elevada de obreros agrícolas e industriales  y  el  crecimiento del movimiento comercial.

En general, la crisis económica afectó a los distintos sectores de la economía villaclareña, con el consiguiente aprovechamiento por parte de los monopolios norteamericanos, que aumentaron su control y dominio sobre ellos debido  a  la  ruina  de empresas  y  bancos cubanos  y  españoles, al estancarse la producción y el comercio  y  no  poder pagar los intereses de los préstamos contraídos. Esto sucedió con las empresas comerciales “García Amezaga” y   “Moré  y  Ajuria”, en Sagua la Grande, hipotecadas a la “Casa Fernández”, y esta a su vez, al capital estadounidense. Por su parte, la firma sagüera de ‘’Alba  y  González” no pudo enfrentar las deudas contraídas con el  norteamericano James Mc Farlane  en su carácter  de  representante de la Honolulu  IronWork  Compañía . 14

La economía cubana comenzó a reanimarse  a  partir de  1923,  al ser superada provisionalmente  la crisis económica, lo que se apreciaba en el alza de los precios del azúcar  y  el constante aumento de la producción. Esta situación llevó  a  que los trabajadores ferroviarios demandaran aumentos salariales  y  otras reivindicaciones que compensaran, en cierta medida, las restricciones surgidas en el transcurso de la crisis.

   El capitalismo a nivel internacional creyó  que con la reanimación  económica que se produjo en 1923, había eliminado, no solo los efectos nocivos de la crisis económica mundial de 1920-1921, sino también la totalidad de las crisis en el futuro. Sus ideólogos pregonaron entonces que la humanidad arribaba a la estabilización del capitalismo, portadora de un período de ascenso continuo, libre de miserias y enfrentamientos clasistas. Pero la estabilización del capitalismo, que en América Latina tendría una tendencia proteccionista, fue efímera y parcial.  Por otra parte la contradictoria situación económica influyó en el resto de las esferas de la vida, por ello, la política en esos años fue también inestable.

Los principales problemas sociales en esta etapa analizada son los mismos que ocurrieron en toda la  República neo colonial. Heredados de la etapa colonial persistieron los problemas agrarios, que se agravaron con la penetración de capital norteamericano en el sector, especialmente el cañero. Las pésimas condiciones de existencia de los obreros se manifestaron en el desempleo, la falta de seguridad social para los trabajadores, las malas condiciones laborales, los maltratos a la población humilde, que incluían la incultura, la insalubridad, el analfabetismo, la prostitución y la discriminación racial, por sexo y por edad.

Estos problemas y otros que caracterizan los males sociales de la República en sus primeros años y que tienen sus causas más profundas en la deformada estructura económica del país, tuvieron  respuesta en manifestaciones concretas de lucha, sobre todo de obreros, y en protestas destacadas y espontáneas de otros sectores del país, particularmente en la provincia de Las Villas.

Los problemas agrarios se manifestaron a partir de las particularidades territoriales, porque, como ya se ha expuesto, el latifundio nunca fue significativo dentro del sistema de propiedad.

Para analizar el problema de la tierra es necesario tener en  cuenta que en 1919  el 63,8 % de la población de Las Villas vivía en el campo, lo que era solamente superado por Pinar del Río  con el 80,4 % de su población considerada rural y Oriente con el 70,5 %. Estas tres provincias se encontraban por encima del promedio nacional (55,3 %), y de los estimados del resto de las provincias. Aunque no existen datos exactos sobre el número de pobladores rurales, se puede estimar que en 1919, la población residente en el campo fluctuaba entre el 60 % y  el  65 %, al tomar como base el análisis de la muestra de los cinco términos municipales que tenían núcleos urbanos con categorías de ciudades. 20

Las condiciones de vida de la población rural durante la etapa de análisis eran similares a las del resto de Cuba. El analfabetismo, las condiciones infrahumanas de existencia, el abandono intelectual, los desalojos y maltratos por parte de la Guardia Rural, que caracterizaron los campos cubanos, también estuvieron presentes en los villaclareños y afectaron  de una  y  otra forma, a un número considerable  de  sus habitantes.

Los problemas sociales del campo se vieron agravados durante la crisis económica   de  1920, puesto que los obreros agrícolas fueron seriamente afectados por los bajos salarios, el desempleo  y  la dificultad para adquirir productos de primera necesidad. Sin embargo, no hay noticias de enfrentamientos a la patronal o  a  las autoridades que representaban los intereses de la burguesía en estos años. Ellos laboraban fundamentalmente en fábricas  de torcido de tabaco, (que en su mayoría eran “chinchales”), en talleres ferroviarios, establecimientos de reparación y pequeñas industrias y manufacturas.

La provincia demuestra las tendencias nacionales del desarrollo del movimiento obrero, pues sus primeras manifestaciones se caracterizaron por el predominio de la lucha económica, la carencia de unidad y la influencia del reformismo y el  anarquismo. Este último fenómeno era una tendencia   fuerte en la zona de Cruces, (limítrofe con Ranchuelo) durante los primeros años neo coloniales y estuvo vinculado a acciones de obreros azucareros, ferroviarios y carpinteros, las que tuvieron repercusiones en Santa Clara, Sagua la Grande, y hasta en Remedios. 21

En la provincia de Las Villas, en 1917, se efectuó también una importante huelga azucarera por demandas económicas.

Por otra parte, los obreros villareños jugaron un importante papel en las luchas por la unidad obrera. En 1920 fueron invitados a  participar en el Congreso Obrero Nacional, que se celebró en La Habana y en el que se recomendó la fundación de una central de trabajadores. A este congreso asistieron, en calidad de invitados, organizaciones obreras  villareñas, entre las que se encontraban los fundidores de Sagua la Grande, así como los tabaqueros de ese municipio, los portuarios,  calafates y carpinteros de Isabela de Sagua, y los torcedores de Ranchuelo y Santa Clara. Como punto culminante de esta etapa se produjo la creación de la primera organización central obrera de Cuba. Esta central sindical estuvo dirigida por Alfredo López, dirigente unitario,  natural de Sagua la Grande, y se denominó Confederación Nacional Obrera de Cuba. A su creación, en 1925, asistieron representantes villareños de las asociaciones de Sagua La Grande y gremios de jornaleros, estibadores, pescadores, marineros y carretoneros, todos de Caibarién.

No obstante, la  represión del gobierno, combinada con la actitud traidora a su clase asumida por algunos  de  sus dirigentes, convirtió a este organismo en un instrumento de las fuerzas de la reacción.

Como ha quedado demostrado, excepto en las filas obreras, donde ya existía cierta organización, el resto de las manifestaciones contra las lacras sociales como la lucha contra el juego, la corrupción  político-administrativa, la prostitución, la insalubridad  e incultura de la población, y en general, las malas condiciones   de existencia de la mayoría de la población, no presentan evidencias de acciones con cierto grado de organización durante los primeros 25 años neo coloniales  en  la provincia.

En sentido general, los hechos vinculados  a  las  luchas sociales fueron tomando tendencias políticas, sobre todo después de la llegada  al poder del tirano Gerardo Machado, en 1925, y del agravamiento de la situación económica, ya ampliamente explicada.

Referencias y notas

1.- Guerra, R. Un cuarto se siglo de evolución cubana. La Habana. Cuba: Librería Cervantes; En: Instituto de Historia de Cuba (IHC). La Neo colonia. Organización y Crisis. Desde 1899 hasta 1940. La Habana. Cuba: Editora Política, 1998. 

2.- Ibídem. 

3.- Roa, R. La Revolución del 30 se fue a bolina. La Habana. Cuba: Editorial de Ciencias Sociales; 1976.

4.- Rodríguez, C. R. Cuba en el tránsito al Socialismo. La Habana. Cuba: Editora Política; 1979. 5.- Ibídem. 6.- Ibídem. 7.- Ibídem.

5. Oscar Pino Santos. El asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui. -- La Habana: Editorial Casa de las Américas, 1973. -- p. 37  y  38.

6. Cuba. Censo de la República: 1919. -- La Habana: Maza, Arroyo y Caso. Editor, 1920. -- p. 73.

7. Juan Alberto Sánchez Bermúdez. Análisis estructural, económico, social y político de Villa Clara entre 1898 y1925. -- Santa Clara: /s. n. /, 1900. -- p. 9. -- (Trabajo de Post Grado sobre estudios regionales).

8. José A. Martínez-Fortún y Foyo. Anales  y efemérides de San Juan de los Remedios y su jurisdicción. -- La Habana: Imprenta Pérez Sierra, 1938.  -- p. 19-21.

9. Partido Comunista de Cuba. Comité Municipal de Sagua La Grande. Consejo Científico. Op. cit.  h. 4.

10. Partido Comunista de Cuba. Comité Municipal de Manicaragua.  Consejo Científico. Historia del Municipio de Manicaragua.  Manicaragua.  1992. -- h. 91-92.

11. Partido Comunista de Cuba. Comité Municipal de Ranchuelo. Consejo Científico, Historia del Municipio de Ranchuelo.  Ranchuelo. 1992. -- h.6.

12. La disminución de cabezas de ganado en Seibabo, se estimó en 9 786 reses. Entre 1896  y 1899  había 17 000; en 1902 solamente quedaban 7 214 cabezas.

13. Cuba. Censo de la República: 1919. Op. cit.  p. 222-223.

14. Censos de la República de Cuba correspondientes a 1899, 1907 y 1919. Resumen de la provincia de Santa Clara, datos de población  en las obras citadas.

15. Oscar Pino Santos. Op. cit. p. 73-135.

16. Partido  Comunista de Cuba. Comité Municipal de Saga la Grande. Consejo Científico.  Op. cit.  h. 28.

17. Mario Riera. Op. cit. p. 169, 170, 175  y  193.

18. Partido Comunista de Cuba. Comité Municipal de Santa Clara. Consejo Científico. Op. cit.  h 221.

19. El senador conservador Cosme de la Torriente, caracterizado por posiciones radicales en una explosión de sinceridad, bien extraña para aquellos tiempos, declaró que los liberales aventajaban a los conservadores en Las Villas en la cantidad de 1 165 votos y que aún quedaban pendientes seis colegios, con unos 2 400 hombres; lo  cual indicaba que no podían sobrepasase para vencer  a los liberales. De ahí que el entendiera que:“Lo que yo digo no lo pienso ahora, en momentos en que ciego  sería el que no viera así. Antes del primero de noviembre muchas veces le dije al general Menocal que no temía perdiésemos las elecciones por nuestros propios errores; y, después de esa fecha,  siempre esperé  que llegaríamos al resultado que palpamos ahora”.Hortensia Pichardo. Op. cit.  p. 399-400.

20. “La Chambelona”  era una conga que fue utilizada por los liberales en sus campañas electorales. Durante la revuelta de febrero de 1917 se empleó como una especie de himno de guerra para arengar a los liberales en el enfrentamiento contra sus adversarios; por lo que el alzamiento se conoce popularmente como el de “La Chambelona”,

21. Ibrahín Y. Consuegra Guzmán, era primo hermano del general José de Jesús Monteagudo Consuegra, a quien visitó en  1914 en el balneario de Amaro, zona de Santo Domingo, cuando estaba en su lecho de muerte.

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